Habla con tus peques...

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Hablar con nuestros niños de ciertos temas puede resultar intimidante para muchos padres. Aquí te ofrecemos algunas ideas de cómo abordar, con éxito, temas difíciles con los más pequeños.

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Teacher and Kids in Library

Cómo hablar de la enfermedad de un familiar

Es importante que cuando hablemos de enfermedad con nuestros peques, no transmitamos angustia. La enfermedad es una parte inevitable del proceso de la vida y, aunque nunca es bienvenida, hay que reconocer que esa posibilidad siempre existe. También es sumamente importante tener en cuenta la edad de los niños a los que les vamos a hablar. Mientras más pequeños, menos explicaciones y menos detalles vamos a dar. Alguna información es muy difícil de procesar para niños pequeños.

 

Como toda conversación que pueda ser un poco difícil, hay que buscar un buen momento para tenerla. Es importante saber que tenemos la atención completa de nuestro pequeño o pequeña. Si está jugando o distraído, haciendo tareas, o si es la hora de dormir, seguramente no es un buen momento para iniciar esta conversación.

 

Podemos comenzar por decir algo como: «¿Sabes algo? Abuelito no se ha estado sintiendo bien».  Ahí, hacemos una pausa para ver la reacción del niño. No queremos alarmar, pero tampoco queremos que la conversación se diluya y no podamos decir lo que necesitamos comunicar.

 

Tan pronto tengamos alguna señal, ya sea verbal o no verbal, de que hemos captado la atención del peque, podemos añadir un poco más de información: «El médico lo revisó y ha decidido que lo mejor es llevarlo al hospital para hacerle pruebas. Quizás esté ahí algún tiempo».

 

Si la situación no es muy grave, quizás podemos dejar la conversación ahí, luego de que hayamos contestado cualquier pregunta con honestidad, pero sin alarmar. Si la situación es grave, debemos llevar información un poco más precisa: «Abuelito está bastante mayor y su salud ya no es muy buena».

 

Es muy posible que la primera pregunta que surja cuando el niño o niña comprenda la situación es si la persona que se ha enfermado va a morir. Los niños muy pequeños no suelen hablar de la muerte, pero ya los que están un poquito más grandes pueden tener ese temor, aunque no lo manifiesten. Nunca debemos asegurarle ni prometerle a un niño que eso no va a suceder, A menos que estemos seguros de que la enfermedad en cuestión es algo leve y la expectativa mayor es que no haya complicaciones. Podemos decir algo como: «Espero que no. Abuelito siempre ha sido muy fuerte y los médicos que lo están atendiendo son muy buenos.». Sí, en efecto, la situación es de gravedad y la posibilidad de un desenlace fatal es bastante real, podemos decir algo como: «Esperamos que no y tenemos esperanza de que se mejore, pero sabemos que la salud de Abuelito es muy delicada y a la edad que tiene, las enfermedades se complican. Puede ser que Abuelito necesite descansar».

 

La información sobre una enfermedad grave o una muerte inminente debe darse de manera gradual, en varias conversaciones y no intentar que el niño asimile toda la información en una sola conversación. Es sumamente importante que se estimulen las preguntas y se contesten con la mayor honestidad posible (siempre tomando en cuenta la edad del peque), evitando términos médicos difíciles de entender y permitiendo espacio para la tristeza, pero evitar transmitir desesperación o alarma.

Cómo hablar de la diversidad y la inclusión

Discutir el tema de la diversidad es, sin duda, una conversación para darse con niños mayores, preadolescentes

o adolescentes. Sin embargo, las lecciones sobre diversidad e inclusión deben comenzar desde que comienza el proceso de socialización del niño o niña, o sea, desde que comienza la interacción del recién nacido con sus padres. 

 

Debemos comprender la manera en que ciertas normas sociales y culturales han formado nuestra percepción del género. Y debemos revisar qué patrones hemos seguido reproduciendo y deben ser revisados.

Por ejemplo: la mayoría de los hospitales utilizan sabanitas y batitas con diseños de género neutro. Sin embargo, todavía muchos padres mantienen la noción antigua de que el azul es el color de los nenes y el rosa es el color de las nenas. La realidad es que los colores no inciden, de forma alguna, en la percepción de género de los niños, ni en su proceso de identifiación u orientación sexual. Es una construcción cultural que hemos reproducido sin razón alguna y que pone sobre ellos una carga emocional innecesaria.

De igual manera, muchas personas piensan, por ejemplo, que permitir que un niño varón juegue con muñecas incidirá sobre su identificación con el género masculino o sobre su orientación sexual. No es así. Los niños practican para la vida durante el juego. Prohibirle a un niño varón jugar con muñecas interfiere con el desarrollo de sus destrezas de empatía y comunicación, envía un mensaje equivocado sobre roles por género y podría afectar su capacidad de ser un padre amoroso e involucrado en la crianza de sus hijos, en un futuro.

La mejor manera de criar niños emocionalmente sanos, con sentido de justicia y empatía, que puedan ser miembros que contribuyan a la sociedad es inculcar en ellos, desde muy temprana edad, aceptación, amor y solidaridad con todos los seres vivos. Fomentar, junto con su desarrollo físico y mental, su desarrollo espiritual.

 

Cosas que podemos hacer para fomentar la aceptación e inclusión:

 

- practicarla nosotros y predicarla

- examinar los estereotipos de género, nacionalidad, orientación sexual, etnia, etc. que están presentes en

   nuestra cultura, evitarlos y combatirlos activamente.

- hablar, frecuentemente, con nuestros hijos de cómo todos los seres humanos son diferentes y cómo todos

  tienen igual valor, iguales derechos, no importa cuán diferentes sean a ellos.

- enseñarlos a ser solidarios y ayudar a cualquier persona que se encuentre en una posición vulnerable y a no

  tolerar que otros acosen o se burlen de nadie porque es diferente.

Cómo hablar sobre la muerte

El final de la vida es uno de los temas más temidos por los padres. La realidad es que a casi nadie le gusta hablar de la muerte. Sin embargo, es una parte natural del proceso de la vida. 

A menudo, los niños hacen preguntas sobre la muerte. Sobre todo, si ha ocurrido una en su familia o en la familia de algún compañerito de escuela. La reacción de los mayores a tales preguntas es crucial para la actitud que tendrá el niño hacia la muerte. Por eso, debemos asegurarnos de que nuestra actitud ante la muerte es una de naturalidad y serenidad, aunque reconozcamos que la muerte de un ser querido va a significar una gran pérdida, por lo tanto, una gran pena. Hay una diferencia entre sentir el dolor de la separación y sentir desesperación ante un proceso natural de la vida.

Hay ocasiones, claro está, en que una muerte se produce de forma inesperada, violenta o a destiempo y no nos ofrece la posibilidad de prepararnos para la pérdida. La muerte de una persona joven, sobre todo si es un asesinato o un suicidio, puede ser algo muy difícil de asimilar, aún para el adulto más ecuánime. Son estas las situaciones que presentan un reto mayor para explicarles a nuestros peques por qué no vamos a ver más a esa persona.

Cuando hemos tenido una muerte en la familia a causa de una enfermedad, es posible que los niños sientan temor de enfermarse, aunque sea de un catarro, porque teman que vayan a morir. La pandemia de coronavirus que estamos viviendo viene a exacerbar esos sentimientos, no solo en los niños, sino en muchos adultos.

Algunas ideas para abordar el tema de la muerte:

  • Hable con naturalidad y proyecte serenidad

  • Demuestre apertura a hablar de este o cualquier otro tema que el niño o niña quiera hablar. Evite reacciones como «¡No digas eso!» o «¡No hables de eso!». Estas reacciones provocarán que el peque no exprese sus preguntas o preocupaciones.

  • Como en cualquier tema complicado, ofrezco solo la información necesaria y apropiada para la edad y capacidad de comprensión de su niño o niña. 

  • Evite decir que la persona fallecida «está dormida». Esto puede provocar temor en el niño a quedarse dormido, por miedo a que «le pase lo mismo».

  • Lleve a sus niños a los funerales. Es importante que se familiaricen con el proceso de despedirse de las personas que mueren y vean cómo los seres queridos se consuelan unos a otros y se dan fortaleza.

  • Hable de la persona fallecida. Vean juntos fotos de tiempos mejores y compartan anécdotas graciosas y amorosas de la persona fallecida. Muéstrele a su hijo que es una linda manera de recordarla. 

  • Busca inspiración en películas como esta, que presenta el tema de la muerte y las tradiciones culturales a los niños de manera divertida: